Cuando una categoría deja de cuestionarse, todas las marcas acaban pareciéndose.
Cómo Amandín decidió abrir su propio camino.
Cliente y sector
Las categorías también desarrollan convenciones. Con el tiempo, unos determinados colores, imágenes y palabras terminan definiendo cómo debe presentarse un producto para ser reconocido como parte de un mercado.
Amandín es una marca especializada en alimentación ecológica y bebidas vegetales. Cuando comenzamos nuestra colaboración, hace más de veinte años, el lenguaje visual del sector estaba dominado por tonos tierra, verdes, ilustraciones y referencias al cultivo y a la naturaleza.
Contexto del problema
Nuestra intervención comenzó rompiendo esos códigos ya en los primeros formatos en polvo, todavía dentro de un nicho muy reducido.
La posterior introducción del brik abrió una nueva etapa para Amandín, con la ampliación progresiva de su oferta de bebidas vegetales y el desarrollo de otras gamas.
El objetivo era acompañar ese crecimiento manteniendo una identidad reconocible y coherente.


Primeras aproximaciones de la imagen.
Tensión detectada
Alejarse del lenguaje habitual de una categoría implica asumir un riesgo. En Amandín, ese riesgo adquirió otra dimensión cuando la marca pasó a competir en un mercado más amplio.
La pregunta era clara: ¿podía una marca ecológica comunicarse con el mismo nivel de exigencia, sofisticación y claridad que cualquier otra marca de referencia del mercado convencional?






Pruebas piloto para varias referencias
Diagnóstico Dlab_
El consumidor ya disponía de señales para identificar el carácter ecológico del producto: las certificaciones y los ingredientes.
Nuestra propuesta buscaba diferenciar Amandín en el punto de venta y conseguir que la calidad de sus bebidas adquiriera mayor protagonismo en la percepción del consumidor.
Decisión estratégica
Creamos una identidad basada en el blanco y la fotografía en color de los ingredientes, con una composición limpia y una presencia deliberadamente alejada de las convenciones del sector.
Para el lineal desarrollamos un recurso singular: las fotografías se completaban de un envase al siguiente. Cada uno funcionaba por separado, pero juntos componían una imagen mayor.
La propuesta fue reconocida también fuera de la empresa: Tetra Pak solicitó permiso para incluir el brik en uno de sus anuarios de envases destacados por ser el primer brick blanco (fuera de la categoría láctea).
Resultado verbal, visual y de percepción
Amandín empezó a ocupar un territorio propio dentro de la alimentación ecológica: una marca natural, de gran calidad y accesible, a la vez que clara, contemporánea y sofisticada.
La identidad acompañó su crecimiento durante casi dos décadas, manteniendo la consistencia a medida que aumentaban las referencias, los mercados y los puntos de contacto.
Materialización de la estrategia
El sistema se extendió a campañas, catálogos, ferias internacionales, comunicación comercial, presentaciones y materiales para exportación.
La última gran evolución que realizamos fue incorporar una nueva manera de explicar el producto. Los envases incluyeron información sobre su proceso de elaboración y notas de cata desarrolladas junto a un sumiller profesional.
Las propiedades organolépticas —sabor, textura, aroma, intensidad, persistencia y personalidad— ayudaban a comprender las diferencias entre variedades y convertían la elección en una experiencia más informada y gastronómica.


Aprendizaje del caso
Las marcas que perduran encuentran una manera propia de expresar aquello que las hace valiosas.
La trayectoria de Amandín demuestra que una apuesta estratégica puede mantener su vigencia durante años y evolucionar sin perder su personalidad.







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