A veces un proyecto parece pedir imágenes.
Pero antes de buscarlas hay que saber qué estamos intentando ver.




Cliente y sector
La Sagrada Família y Barcelona llevan casi un siglo y medio transformándose juntas.
Desde que comenzó la construcción del templo, la ciudad ha visto desaparecer campos, abrirse calles, crecer el Eixample, llegar el tranvía y el metro y cambiar los edificios, los vehículos y la manera de ocupar el espacio público.
Guerras, transformaciones sociales y urbanas, acontecimientos históricos y generaciones enteras de barceloneses han sucedido mientras sus torres continuaban elevándose.
No eran dos historias paralelas.
La Sagrada Família y Barcelona habían crecido juntas.
Contexto
El encargo era crear una exposición fotográfica capaz de recorrer la evolución de la Sagrada Família desde sus orígenes hasta nuestros días.
Sobre el papel, parecía sencillo: buscar imágenes del templo, ordenarlas cronológicamente y mostrar cómo había cambiado durante casi un siglo y medio.
Habría sido una respuesta correcta.
Pero incompleta.
Porque mientras la Sagrada Família crecía, a su alrededor estaba creciendo otra cosa.
Barcelona.
Tensión
Antes de buscar fotografías y materiales había que hacerse una pregunta:
¿Se puede explicar la historia de la Sagrada Família sin explicar la historia de Barcelona?
Una retrospectiva centrada únicamente en el templo habría mostrado su evolución arquitectónica. Pero habría dejado fuera todo aquello que permitía comprender el significado real del paso del tiempo.
El reto no consistía únicamente en documentar cómo había cambiado un edificio.
Consistía en explicar la relación entre dos protagonistas que llevaban 144 años transformándose mutuamente.
Diagnóstico
La Sagrada Família no ha crecido en Barcelona.
Ha crecido con Barcelona.
Ese pequeño cambio de preposición cambió nuestra manera de abordar toda la exposición.
Ya no buscábamos únicamente imágenes capaces de documentar la evolución arquitectónica del templo.
Buscábamos imágenes capaces de explicar una relación de 144 años.
Dos protagonistas.
Un mismo tiempo.
Un camino compartido.
Hay un plafón que resume especialmente bien este diagnóstico.
Es el primero.
Y en él todavía no aparece la Sagrada Família.
La historia comienza entre 1852 y 1881. Barcelona acaba de derribar sus murallas y el Pla Cerdà empieza a dibujar una ciudad que todavía no existe. El solar donde hoy se levanta el templo llegó a estar destinado, en el planteamiento inicial del Eixample, a un gran hipódromo.
El templo todavía no está.
Pero la ciudad que permitirá entender su historia ya está transformándose.
Para contar el origen de la Sagrada Família tuvimos que empezar contando Barcelona.

Enlaces externos:
Sagrada Família nota de prensa, Europa Press nota de prensa, Ajuntament de Barcelona nota de premsa, Revista Sàpiens ressenya, El Periódico artículo, El País artículo.
Decisión estratégica
La investigación nos llevó al Arxiu Fotogràfic de Barcelona, el Arxiu Nacional de Catalunya, la Càtedra Gaudí, la Fundació Institut Amatller d’Art Hispànic, el Arxiu Municipal de Barcelona y el archivo del Hospital de Sant Pau.
Cientos de fotografías.
Pero acumular imágenes nunca fue el objetivo.
Había que saber qué estábamos buscando.
Trabajamos inicialmente desde dos miradas.
La primera observaba el templo: fotografías suficientemente próximas para apreciar su evolución arquitectónica, pero suficientemente abiertas para entender también cómo se transformaban las calles y los edificios de su entorno.
La segunda desplazaba la mirada hacia Barcelona: qué estaba sucediendo en la ciudad mientras el templo continuaba creciendo.
Durante la investigación apareció una tercera mirada.
Las personas.
¿Cómo muestras 144 años?
La arquitectura permite comparar.
Las personas permiten comprender.
Algunas de las fotografías que mejor explicaban el paso del tiempo no eran necesariamente aquellas donde la Sagrada Família tenía mayor protagonismo.
Eran aquellas donde había vida.
Personas caminando. Tranvías. Multitudes. Celebraciones. Escenas cotidianas. Formas de vestir, desplazarse y ocupar el espacio que hoy pertenecen a otro tiempo.
Porque para explicar 144 años no bastaba con mostrar cómo habían cambiado los edificios.
Había que mostrar cómo había cambiado la vida.



Resultado verbal, visual y de percepción
¿Cómo muestras 144 años?
La investigación permitió construir un relato en el que el templo dejaba de aparecer como una pieza aislada de la ciudad.
La exposición pasó a explicar un camino compartido entre arquitectura, transformación urbana y vida cotidiana.
Revisar cientos de fotografías históricas produjo también un descubrimiento menos previsto.
Vista en secuencia, Barcelona parece una ciudad que cada cierto tiempo muda de piel.
Cambian las calles, los edificios, los transportes, los comercios y las personas. Cambia incluso la manera de relacionarse con el espacio.
Hay en Barcelona una voluntad constante de transformación, modernidad y progreso.
Pero cada nueva capa también deja algo atrás.
Y observar ese proceso durante casi siglo y medio plantea inevitablemente una pregunta:
¿Cómo evolucionar sin perder aquello que nos hace reconocibles?
La Sagrada Família también ha cambiado. Han cambiado las técnicas, las personas que la construyen, su entorno y la propia escala del proyecto.
Y, sin embargo, sigue siendo reconocible.
Quizá por eso tenía tanto sentido contar ambas evoluciones juntas.
El resultado fue también el título de la exposición:
La Sagrada Família i Barcelona.
144 anys de camí compartit.
Materialización de la estrategia
La exposición debía contar esa relación desde su propia estructura.
El recorrido se articuló mediante 14 plafones de 2 × 1,5 metros, cada uno dedicado a un periodo de ese camino compartido.
En cada plafón, una fotografía de gran formato mostraba la evolución de la Sagrada Família y de su entorno inmediato.
A su lado, tres imágenes de menor formato desplazaban la mirada hacia la ciudad: acontecimientos, transformaciones y escenas que estaban sucediendo en Barcelona durante ese mismo periodo.
Una imagen miraba al templo.
Tres miraban a la ciudad.
Todas hablaban del mismo tiempo.
Así, la idea no quedaba únicamente explicada en los textos.
Se convertía en la propia estructura de la exposición.
Plafón a plafón, el visitante podía observar simultáneamente cómo crecía el templo y cómo Barcelona mudaba de piel a su alrededor.
No eran dos cronologías.
Era un mismo tiempo visto desde dos lugares.Era un mismo tiempo visto desde dos lugares.
Aprendizaje del caso
El encargo inicial era crear una exposición fotográfica sobre la evolución de la Sagrada Família.
La investigación nos llevó más allá.
Durante casi siglo y medio, millones de personas han visto crecer el templo mientras el templo las veía construir Barcelona.
Han cambiado las calles.
Los edificios.
Los transportes.
La manera de vivir la ciudad.
Barcelona ha mudado de piel una y otra vez.
Y mientras todo eso sucedía, la Sagrada Família también continuaba transformándose.
Después de revisar archivos, documentos y cientos de fotografías entendimos que no estábamos contando únicamente la evolución de un edificio.
Estábamos contando la relación entre un templo y la ciudad que ha crecido con él.
A veces un encargo parece pedir imágenes.
Pero antes de buscarlas hay que saber qué estamos intentando ver.






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