Barcelona necesitaba recuperar actividad después de uno de los periodos
más complejos que había vivido la ciudad.
El Pla Barcelona Fàcil nacía para impulsar la actividad económica simplificando y agilizando la relación de empresas, profesionales, personas emprendedoras y ciudadanía con la Administración.
Nuestro encargo era trasladar esa medida de gobierno a una campaña pública.
Debía ser fácil de entender.
Y, sobre todo, debía animar a volver a ponerse en marcha.
La pregunta
El plan hablaba de trámites, tiempo, barreras y simplificación administrativa.
Nosotros empezamos por preguntarnos quién había detrás de todo aquello.
Detrás de una empresa.
De un comercio.
De una persona autónoma.
De alguien que decide emprender.
Siempre hay una persona.
Y después de lo vivido durante la pandemia, esas personas no necesitaban únicamente que la Administración les explicara una nueva medida.
Necesitaban recuperar confianza, energía y ganas de volver a intentarlo.
El descubrimiento
Una ciudad vuelve a ponerse en marcha cuando lo hacen sus ciudadanos y ciudadanas
Ese fue el cambio de mirada.
Impulsar la actividad económica significaba ayudar a que miles de personas pudieran volver a abrir, emprender, trabajar, invertir y desarrollar sus proyectos.
La campaña tenía que hablar de ellas.
Porque facilitar la actividad económica también significaba devolver impulso a quienes la hacen posible.
El efecto espejo
Había que conseguir que la ciudadanía no se limitara a mirar la campaña.
Tenía que reconocerse en ella.
Por eso construimos el universo visual a partir de retratos.
Personas de distintas edades y perfiles mirando directamente a cámara. Miradas capaces de transmitir esperanza, confianza, fuerza y determinación.
No buscábamos personajes extraordinarios.
Buscábamos algo mucho más próximo:
«Podría ser yo.»
La fotografía se convertía así en un espejo.
Hablar de personas
Los drivers que construyeron la propuesta —empatía, confianza, personas, energía, recuperación, impulso, certidumbre y ánimo— respondían a esa misma mirada.
El lenguaje visual debía ser positivo, directo y reconocible.
El check sintetizaba la idea de resolución y facilidad. El verde aportaba energía y dinamismo. #BarcelonaFàcil daba al plan una expresión sencilla y fácilmente identificable.
Y los retratos hacían el resto.
Ponían una mirada humana sobre una medida administrativa.



Enlaces externos:
Jornada Barcelona Fàcil per Barcelona Activa. Enllaç a la Mesura de Govern.
Hacer fácil lo complejo
El mensaje principal se redujo a lo esencial:
**Pla Barcelona Fàcil.
Fomentant l'activitat econòmica a la ciutat.**
No intentamos explicar toda la medida de gobierno en una pieza publicitaria.
La campaña debía abrir la puerta.
Las piezas, especialmente las digitales, conducían a la página oficial del Pla Barcelona Fàcil, donde cada persona podía conocer sus líneas de actuación y acceder a las oficinas, servicios y departamentos municipales necesarios para facilitar sus gestiones.
La comunicación también debía ser fácil.





De comunicar a facilitar
La campaña formaba parte de un recorrido más amplio.
Primero, hacer visible el plan.
Después, permitir acceder a sus recursos.
Y finalmente, generar también espacios abiertos de conocimiento e inspiración.
El programa se completó con encuentros gratuitos en torno a la transformación digital y el futuro de las ciudades, con especialistas internacionales como Anna Piperal y Charles Landry.
La campaña no terminaba cuando alguien veía una pieza.
Continuaba cuando decidía hacer algo con ella.
Convertir una medida en experiencia
La identidad se desplegó en los distintos puntos de contacto de la campaña manteniendo una misma lógica: claridad, proximidad y capacidad de activación.
Retratos.
Mensajes directos.
El check como código visual.
#BarcelonaFàcil.
Piezas digitales conectadas con los recursos municipales.
Y encuentros capaces de llevar la iniciativa del espacio publicitario al espacio compartido.
Cada elemento cumplía una función dentro del mismo recorrido.
Ver. Entender. Acceder. Actuar.
Aprendizaje del caso
El Pla Barcelona Fàcil quería reducir barreras para ayudar a recuperar la actividad económica de la ciudad.
La campaña nos recordó algo anterior a cualquier trámite.
Una ciudad puede crear herramientas, simplificar procesos y abrir nuevas vías.
Pero son las personas quienes deciden utilizarlas.
Quienes vuelven a levantar una persiana.
Quienes emprenden.
Quienes arriesgan.
Quienes empiezan otra vez.
Porque una ciudad vuelve a ponerse en marcha cuando lo hacen sus personas.Pero antes de buscarlas hay que saber qué estamos intentando ver.

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